domingo, 1 de diciembre de 2013

DESIDERATA
Max Ehrman (1872-1945)
(Desiderata = palabra latina que significa «cosas que se desean»)

Ve plácidamente entre el ruido y la prisa, recuerda que la paz puede
estar en el silencio. Sin renunciar a ti mismo, esfuérzate por ser
amigo de todos. Di tu verdad, quiétamente, cláramente. Escucha a los
otros aunque sean torpes e ignorantes; cada uno de ellos tiene también
una vida que contar.

Evita a los ruidosos y agresivos, porque ellos denigran el espíritu.
Si te comparas con los otros puedes convertirte en un hombre vano y
amargado; siempre habrá cerca de ti alguien mejor o peor que tú.

Alégrate tanto de tus realizaciones como de tus proyectos. Ama tu
trabajo aunque sea humilde; es el tesoro de tu vida. Sé prudente en
tus negocios, porque en el mundo abundan las gentes sin escrúpulos.
Pero que esta convicción no te impida reconocer la virtud; hay muchas
personas que luchan por hermosos ideales y dondequiera que mires la
vida está llena de heroísmo.

Sé tu mismo. Sobre todo no pretendas disimular tus inclinaciones. No
seas cínico en el amor, porque cuando aparece la aridez y el
desencanto en el rostro, se convierte en algo tan perenne como la
hierba.

Acepta con serenidad el consejo de los años y renuncia sin reservas a
los dones de la juventud. Fortalece tu espíritu, para que no te
destruyan inesperadas desgracias. Pero no te crees falsos infortunios;
muchas veces, el miedo es producto de la fatiga y la soledad. Sin
olvidar una justa disciplina, sé benigno contigo mismo.

No eres más que una criatura en el Universo, no menos que los árboles
y las estrellas; tienes derecho a estar aquí. Y, si no tienes ninguna
duda, el Mundo se desplegará ante ti.

Vive en paz con Dios, no importa cómo lo imagines; sin olvidar tus
trabajos y aspiraciones, mantente en paz con tu alma, pese a la
ruidosa confusión de la vida.

Pese a sus falsedades, penosas luchas y sueños arruinados, la Tierra
sigue siendo hermosa. Sé cuidadoso. Lucha por ser feliz.
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«Desiderata» fue escrito en 1927 por Max Ehrmann (1872-1945), abogado
y filósofo de Harvard y publicado en 1948, después de su muerte, por
su viuda, en el libro «Los poemas de Max Ehrman».
(En 1956, el reverendo Kates, pastor de la iglesia de San Pablo en
Baltimore (Maryland), incluyó el texto en una colección de poemas de
su congregación. Alguien cambió la fecha del poema unos 200 años al
decir erróneamente que el poema se encontró en una inscripción fechada
en 1692 grabada en una tumba de la antigua Iglesia de San Pablo de
Baltimore. El año 1692 es el año en que se fundó la iglesia y no tiene
nada que ver con la fecha de creación del poema).



La autenticidad….


La enfermera australiana Bronnie Ware, en su libro Los 5 principales remordimientos de las personas al morir, volvió a tocar el tema de irse de este mundo sin haber vivido. Ella, que acompañó durante años a los enfermos terminales en sus últimos instantes de vida, decidió dejar constancia de los que, según su experiencia, son los cinco grandes temas frustrantes que sufre la gente antes de partir. Y destaca, al igual que lo hizo Steve Jobs en su discurso en la Universidad de Stanford, el dolor de la “mayoría” de no vivir su vida sino la de otros. 
Si bien es cierto que el tema está ya diagnosticado, aún existe una brecha enorme entre saberlo y lograrlo, una gran inercia que no nos permite recuperar la vida y, al mejor estilo de Kung Fu Panda, alcanzar la paz interior. ¿Cómo volver a vivir? ¿Cómo volver al camino propio, a la senda del corazón? ¿Cómo morir sin remordimientos?

Empiece por la honestidad

Se habla mucho de la honestidad y de la transparencia como valores primordiales, pero generalmente son dos virtudes que expresamos hacia fuera, en las plazas públicas, en las vitrinas de nuestra relación con los demás. Sin embargo, estos valores dejan de ser un discurso y se convierten en talento activo cuando somos honestos y transparentes con nosotros mismos, cuando aceptamos nuestra propia verdad. Y cada uno, más que nadie, sabe cuál es su propia verdad. 
Tal vez descubramos que nuestro matrimonio terminó hace un par de años y aun así, seguimos ahí, usando a los hijos de excusa de nuestra propia cobardía. Pesa tanto el qué dirán, el vivir para otros, el “cómo le voy hacer eso a mis suegros”, que nos traicionamos, a veces sin darnos cuenta. ¿Y yo? La pregunta es cómo me sigo haciendo esto a mí, cómo continúo viviendo en esta mentira y postergando mi verdad y mi felicidad, ya sea por miedo, por dependencia, por adicción a la aprobación, por perfeccionista o por incapacidad de cambiar.
Es posible que lo que usted haga como trabajo hace mucho no le llene, que lleve años envejeciendo, robotizado, con horarios indecentes y jefes deshumanizados, dando resultados y resultados para unos dueños que viven en Miami o en el otro lado del Pacífico. ¿Y usted? ¡Sí, usted, no se haga el loco! ¿Y usted? Traicionando los ojitos tiernos de tus hijos, acostándolos por teléfono desde un escritorio frío, totalmente contagiado del virus de la ocupaditis, secuestrado por su miedo y por un salario que no goza porque es el precio de su traición, de la traición a sí mismo.
 
¿Se ha dicho la verdad? ¿Hace cuánto quiere salir de ahí? ¿Hace cuánto, de manera subversiva, planea escaparse y dedicarse a lo que lo hace vibrar? Aunque no sea lo que estudió, aunque al principio no le dé plata, aunque se le venga el mundo encima. ¿Le alcanzará la vida que le queda para curar las heridas? ¿Cuándo se va a decir esta verdad? ¿Lo va hacer en esta vida o lo va a dejar para la siguiente reencarnación?

Darse cuenta es el primer cambio

La honestidad permite la confrontación. No se trata de maltratarse o deprimirse. Eso no sirve. Se trata de dejar de pegar con chicle la vida, de asumir con amor las decisiones tomadas en esas noches de insomnio o en los tediosos domingos en los que nos encontramos con nosotros mismos, o cuando ya no podemos usar a los otros para culparlos de nuestras miserias y nos damos cuenta de que no estamos cumpliendo.
La honestidad es autoconciencia, es despertar y asumir con responsabilidad el lugar en donde está nuestra vida y por qué está ahí. Darse cuenta es el primer cambio, asumir por qué estamos tan lejos de casa, tan solos o tan enmascarados que ya casi no nos reconocemos. Active la honestidad, tenga el coraje de decirse la verdad. Este es el primer paso para recuperar la vida. Será una purga amarga y vivificante que lo va a sacudir. Habrá dolor, pero sólo en el ego, dejará de ser Miss o Míster simpatía, será criticado y tendrá síndrome de abstinencia de regresar al autoengaño. Con tiempo y obstinación, logrará autorrespeto, verdad, coherencia y autoconciencia.

Protagonizar la vida

No hacernos cargo de nuestras decisiones es irresponsable e irrespetuoso con nosotros mismos. La responsabilidad genera liderazgo, nos convierte en adultos. Para recuperar la vida es muy importante ser protagonistas. La palabra viene de Proto: primero, líder, y Agonía: transformación, cambio, muerte y resurrección. 
Ser protagonista es acallar las voces de los otros y no dejarse confundir más por el ruido. Es volver a lo sencillo de confiar en el corazón y en la tripas, y tener el coraje de ejecutarlo. Protagonizar es ponerse al volante y dar los giros que la vida necesita; es liderar los propios procesos personales e interiores, asumiendo la crisis pero sin hacer caos, yendo poco a poco madurando cada acción sin abrir varios frentes al mismo tiempo.
 
Aún hay tiempo de girar. Siempre se puede volver a ser quien se es. Tal vez no toda nuestra vida está en crisis. Tal vez sólo una parte de ella. Recuerde que el ego prefiere hacer un caos y dramatizar todo para impedirle renacer, para anunciarle que todo va a salir mal. No escuche, esa es la voz del sistema, de la cultura del miedo, la cultura de los que lo encarcelaron desde el colegio y la crianza empujándolo a ser distinto de sí mismo, adecuado a sus necesidades. Como decía Victor Frankl, sobreviviente de los campos de concentración de Auschwitz y Dachau, neurólogo y autor del libro El hombre en busca de sentido: “La última de las libertades humanas, y que no pueden quitarte, es elegir tu camino”.
 

Creer en uno mismo

¡Deje de darse palo! No quiera ser como el Dalai Lama, esa es otra trampa. Querer ser como otros, así sean maravillosos, es perderse de sí mismo. Respete sus ritmos, sus historias, su manera particular de florecer. Creer es la clave, confiar en que sí lo va a lograr, creer que al final del día –y ojalá mucho antes– va a mirar hacia atrás, hacia su vida, y va a sentirse realizado. 
Confiar es caminar aunque todavía no vea para dónde va, es cerrar los ojos con fe y entregarse a su propia voz, a sus emociones y sentidos, y dejar que la vida suceda, sólo eso, renunciando al control de manipular la vida y a otras personas. Confiar es poder bajar la velocidad para ver y disfrutar el paisaje, es menos ansiedad y más inquietud, es despertar nuestras partes dormidas y volver a ser novatos en todo, ridículos y expuestos, y saber que es posible redecidir la vida, reinventarse y tener con su pareja más sexo y menos televisión, más tiempo para disfrutar los hijos, para mamar gallo, para reír y ver amigos, como en el colegio. No haga lo correcto siempre, haga lo amoroso, ensucie el uniforme de aburrido que tiene, juegue fútbol con los zapatos de trabajar, píntese la máscara, gástese los materiales de la vida y, sobre todo, deje de caminar fruncido en función de que nada se le desordene. Brinque, salte y grite… ¡Que lo que esté flojo en usted se caiga de una vez por todas!

Jorge Llano | Cromos.com.co 


"El Camino a la Espiritualidad"


Te transcribo unas frases del libro de Jorge Bucay:

Aceptar...
Aceptar es dejar de enfrentarme con lo que eres
No pelearme con lo que piensas ni con lo que haces, aunque no este de acuerdo, aunque no lo entienda, aunque no lo comprenda ni lo justifique. 
Mi aceptación no implicará no esperar ni pretender ( y mucho menos) pedirte que cambies.
Aceptar es asumir con honestidad que no debes cambiar, que no quiero que cambies, por lo menos, no por mi ni para mi.
Tu cambio de manera de actuar o de forma de pensar o de estilo de vida, que te deseo ( si es que te llega), se producirá cuando tu quieras  cuando tu decidas, cuando sea tu tiempo, cuando sea él el que llegue hasta ti y se te imponga, cuando sea tu momento, cuando no lo hagas por nadie ni movido por un fin ulterior...